lunes, 13 de junio de 2011

EDUCACIÓN EMOCIONAL

Diversos estudios han demostrado que los niños aprenden a lidiar con las emociones a una edad previa a la que se había creído anteriormente. Entre las edades de 6 a 15 años, las experiencias escolares tienen una influencia clave sobre la auto-valoración que realizan los niños sobre sí mismos, aspecto que rige de forma muy importante el estado emocional de las personas. Se van estableciendo nexos de unión entre hechos y las emociones que generan. Con lo cual, esto hace que tengamos que darle una mayor a importancia a este tema. Siendo fundamental que los alumnos en esas edades se acostumbren a interactuar con los demás de una forma más cercana.
En el marco de la orientación psicopedagógica podríamos distinguir cuatro grandes áreas, en las que podríamos utilizar la educación emocional:
·         La orientación profesional.
·         La orientación en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
·         La atención a la diversidad.
·         La orientación para la prevención y el desarrollo.
Ejemplos característicos de esta última área son las habilidades sociales, el entrenamiento asertivo, el autocontrol, la autoestima, las habilidades de vida, todos ellos componentes de lo que denominamos educación emocional.
Entre los argumentos que podrían exponerse para justificar la educación emocional podemos destacar los siguientes:
Desde la finalidad de la educación:
La finalidad de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad integral del alumnado. En este desarrollo pueden distinguirse como mínimo dos grandes aspectos: el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional. El primero ha recibido tradicionalmente un énfasis especial, en detrimento del segundo, que ha quedado prácticamente olvidado de la práctica educativa. La educación emocional se propone un énfasis especial en este aspecto con objeto de otorgarle la importancia que merece.
Desde el proceso educativo:
La educación es un proceso caracterizado por la relación interpersonal. Toda relación interpersonal está impregnada por fenómenos emocionales. En el proceso de aprendizaje individual y autónomo también está presente la dimensión emocional. Todo esto exige que se le preste una atención especial por las múltiples influencias que las emociones tienen en el proceso educativo.
Desde el autoconocimiento:
El lema “conócete a ti mismo” ha sido uno de los objetivos del ser humano desde la antigüedad, además de estar presente en la educación. Dentro de este autoconocimiento, uno de los aspectos más importante es la dimensión emociona.
Desde el fracaso escolar:
Hoy en día existen unos índices elevados de fracaso escolar, dificultades de aprendizaje, estrés ante los exámenes, abandono en los estudios universitarios y otros fenómenos relacionados con el fracaso escolar. Estos hechos provocan estados emocionales negativos como la apatía, la depresión, la falta de motivación, la disminución de la autoestima y, en algunos casos, llegan a intentos de suicidio. Todo ello está relacionado con déficits en la madurez y el equilibrio emocional.
Desde las relaciones sociales:
Es conocido que las relaciones sociales pueden ser una fuente de conflictos, tanto en la profesión como en la familia, en la comunidad, tiempo libre y cualquier contexto en que se desarrolle la vida de una persona. Estos conflictos afectan a los sentimientos, de tal forma que a veces pueden llegar a producirse respuestas violentas incontroladas.
Desde la teoría de las inteligencias múltiples:
En la segunda mitad de la década de los años noventa ha tenido una amplia difusión la teoría de las inteligencias múltiples (Gardner, 1995). Entre ellas están la inteligencia interpersonal y la intrapersonal. Esta teoría supone un reto para el futuro de la investigación, en el cual deben tener cabida aspectos educativos hasta ahora olvidados. Entre ellos están las emociones. Como señala Gardner, concentrarse en las capacidades lingüísticas lógicas durante la escolaridad puede suponer una estafa para los individuos que tienen capacidad en otras inteligencias. Por otra parte, el no tomar en consideración la inteligencia emocional en el sistema educativo puede suponer una atrofia de considerables consecuencias para el desarrollo personal y social.
Desde el nuevo rol del profesor:
Cada vez se ve más claro que el rol tradicional del profesor, centrado en la transmisión de conocimientos, está cambiando. Esta modificación se debe en parte a las nuevas tecnologías, que permiten al alumno acceder a cualquier conocimiento que necesiten de forma inmediata. De esta forma, el rol de transmisor de conocimientos del profesor queda obsoleto, de lo que se deriva la necesidad de que éste se centre más en aportar una relación emocional de apoyo al alumnado.

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